Mar 12

No voy a hablar de ninguna película sino de la realidad que vivimos (que vivo) los que tenemos las casas cerca de un estadio.

Yo trabajo en Benimaclet (Valencia) y desde mi casa suelo venir en bicicleta. Vivo por la zona de Blasco Ibáñez. Una amplia zona donde confluyen universidades, oficinas, y el gran Mestalla (estadio de Luís Casanova). Suelo venir en bici porque tardo mucho menos que en coche, y no porque me salte los semáforos contrariando a las señales de tráfico, sino porque para aparcar al volver a mi casa tendría que controlar a qué hora terminan los universitarios, los horarios de las oficinas y si hay partido de futbol o no. Todo esto para poder aparcar.

En el trabajo me decían: tráete el coche que aquí, en Benimaclet siempre hay sitio, y si no, ponlo en segunda fila que no pasa nada.  Siempre y cuando no pongas el freno de mano para no dificultar la salida al que está bien aparcado.

Bueno, pues sí que pasa. El otro día, en segunda fila le pusieron una multa  a mi compañero de trabajo. Aquí! que por no tener, no tenemos ni número en la puerta. En fin.

Se me ocurrió coger el coche hace unos días ya que iba cargada. Era lunes. A mi que no me interesa el futbol por lo que no era consciente que ahora, también hay partido los lunes (ya no habrá lo lunes al sol si no lunes de fútbol).

Al volver tarde a mi casa, pensando como siempre que ojalá no tarde en encontrar aparcamiento, me asusté al ver que ya desde las universidades había coches aparcados a doble fila; ¿doble? quizá triple fila: algunos aparcados encima de la acera, otras que casi van atropellando a los peatones en su pequeño espacio, a compartir entre bicicletas peatones y, ahora, con los coches.

Imposible aparcar. Pero no queda aquí, había un montón de policía viendo la escena, cómo los coches estaban contaminando las aceras, sin embargo, no hacían nada. Se me pasó por la cabeza preguntarle a uno de ellos que si estaba esperando para ponerles una multita, y mira que tenían para gastar papel rosa. Pero observé que no iba con ellos, que estaban ahí plantados haciendo nada. Y yo sin poder aparcar. Al final dejé mi coche casi en el lugar de trabajo y fui andado a casa.

Y es que, los días de futbol, todo está permitido.

Feb 24

Esta mañana conducía por la autovía de camino al trabajo, como todas las mañanas, escuchando la radio, alternando emisoras y programas, hasta dar con las noticias más frescas o la canción de mi gusto.

Andaba en esos menesteres, cuando de repente, en una de las emisoras víctimas de mi zaping, sonó la canción We Are The World, compuesta por Michael Jackson y retomada ahora, quince años más tarde, para recaudar fondos con destino a, imagínense, Haití.

Es una canción hermosa, que todos conocemos, que conmueve en cierta medida, especialmente cuando escuchas a los niños. Es una canción que, traducida al castellano, dice algo así como: Nosotros somos el mundo, nosotros somos los niños, nosotros somos quienes hacemos un día más brillante, pues empecemos a dar… También dice que hay gente muriendo y es tiempo de tender una mano a la vida, el regalo más grande. Y muchas cosas más del estilo.

Como contaba, yo conducía mi coche mientras escuchaba esta bonita canción. Al principio, logró enternecerme, quizás porque aún llevaba pegada cierta ensoñación de la almohada que había dejado atrás hacía apenas una hora. Pero después me sentí hipócrita y todos esos niños me parecieron hipócritas, con el perdón de sus padres, y Michael Jakson me pareció igualmente hipócrita, a pesar de muerto, y los propios locutores que alababan la creatividad del negro de guante blanco, también me resultaron hipócritas.

We are the World. Propongo llevar esta canción a Eurovisión, no por los pobres de Haití, sino por todas las víctimas de un sistema internacional injusto que hace padecer hambre y miseria en muchas partes del mundo, mientras en Europa nos conmovemos por todo, eso sí, sin que falte un SMS destinado a votar a Portugal, que es un país vecino, que todos los años nos vota, y que los países del Este se votan entre ellos porque son amiguitos. ¡Así no se puede ganar nunca Eurovisión!

Feb 21

“Europa 1951”, Roberto Rossellini. No es un película actual, pero si es una película social de los años 50.
R. Rossellini, en esta película, pretende acercarnos a una realidad, o quizás a diversas realidades de las que no somos conscientes. Tan sólo somos conscientes de una parte del mundo que nos rodea, la que nos toca de cerca. Del resto no queremos, o simplemente no sabemos verla.
Nuestra protagonista Irene, tras la muerte de su hijo, se vuelve consciente de una realidad que ignoraba y que era incapaz de ver o vislumbrar dentro de su mundo, el mundo de la alta sociedad, lleno de tanta opulencia y riqueza cuya brillantez ciega y acostumbra a los ojos de aquel que no se esfuerza en ver más allá de lo que sus lentes le permiten que vea. Unas lentes ensuciadas por el capital.
Al contrario de lo que pasa en el análisis antropológico que hace Benjamín Constant entre el hombre moderno y el hombre perteneciente a la edad media, donde este último no tenía ninguna libertad individual y que cada uno vivía donde le tocaba vivir; Irene, mujer potentada, vive en un mundo donde la libertad individual es totalmente sagrada, y en dónde tener esa libertad individual es sinónimo de seguridad y bienestar. Está insertada dentro de un orden establecido por la propia sociedad burguesa en la que se encuentra. Esta seguridad es la que se encarga de mantener la estructura social sin ninguna dificultad.
El cambio de pensamiento en la mente de Irene, su ser consciente de las realidades de la sociedad, será el gran problema que le lleva a un camino trágico después de la muerte de su hijo Michelle. Esta muerte le cambiará la vida y el transcurrir de su “camino”. El camino que se bifurca cambiando de rumbo una vez descubierta la luz que le permite ver cuanta verdad existente hay y que a su vez ella desconocía. Esta verdad es el conocimiento.
Debo decir que el camino es trágico, no por lo que descubre, eso más bien es tangible y positivo; es trágico según la perspectiva de aquellos que le rodean en el mundo de superioridad en el que vive. Un mundo de ciegos autómatas que nos recuerda a la Caverna de Platón.

Feb 9

Hace poco vimos un Avatar de personajes azules que luchaban por la preservación de su medio. Ahora en The Road, el actor Viggo Mortensen lucha junto a su hijo por sobrevivir en un planeta destruido por un desastre nuclear. El cine parece rescatar valores humanos perdidos hace tiempo en la voracidad del sistema. No hace falta detenernos en películas independientes de bajo coste para encontrar cine social. Últimamente, el cine comercial también refleja algo de humanidad. Al menos eso parece, a priori.

El joven Jamal de la oscarizada Slumdog Millonaire, en busca de la felicidad perdida en los suburbios de un mísero Bombai, nos hace recordar otras realidades, albergar sentimientos como la esperanza o el saber que no todo está perdido, sumergirnos en la pretensión inocente de querer cambiar el mundo, aunque sea dando en el cine un aplauso final que genere un halo de empatía hacia el más débil o el más miserable.

Parece que el cine social se pone de moda, aunque sea en una versión light de trasfondo puramente comercial. La prometedora Precious, con seis nominaciones al Oscar, es un drama social que aún no he tenido el placer de ver, pero que según cuentan, supone un retrato durísimo de la vida de una adolescente en los barrios deprimidos de Nueva York. Pero la cartelera va más allá, las escenas de violencia extrema también invaden la película En Tierra Hostil, otro estreno polémico sobre la vida de los soldados en Iraq.

Quizás, tanto drama termine por saturar y cuando delante del televisor, nos pongan en directo con Haití, la desgracia no nos parezca muy distinta de lo que vemos en el cine. Quizás, los haitianos tengan un joven Jamal que se hace millonario, gracias a la corrupción de algún sargento recién llegado de Iraq, que ha decidido colaborar en las tareas de reconstrucción de un barrio deprimido de la capital. Ficción y realidad se entremezclan, y ya no sabemos dónde colocar la compasión.

A propósito de este tema, un punto a favor se merece el documental Ninguna Champa en Morazán de la ONG Terra Pacífico. Muestra la realidad, sí, pero la acompaña de resultados, de escenas positivas, vigorizantes, es decir, ¡de buenas noticias! Algo que este mes no encuentro en la cartelera del nuevo tipo de cine “socio-comercial”.

Ene 18

Haiti se derrumba ahora. El terremoto que sacudió Puerto Príncipe hace seis días, hunió edificios y aplastó personas, pero sus efectos devastadores no fueron tan terribles como los que han llegado ahora, en forma de catástrofe humanitaria.

Aunque intenta llegar, la ayuda ya no llega. Los saqueos de los jóvenes haitianos han sustituido el dolor por la violencia y la necesidad por el libertinaje, solapando el sufrimiento de tantas familias y tantos huérfanos. No hay orden ni concierto, no hay gobernabilidad que gobierne el caos desencadenado, no hay esperanza para Haiti después de décadas de pobreza y miseria que no han sido recordadas hasta ahora. Solamente ahora, cuando la tierra ruge, el Norte se acuerda.

Esta es la nuestra, la rica y occidental ayuda: La ayuda que no llega. La ayuda que llega tarde, solamente después de un terremoto. Hemos necesitado un terremoto para que las naciones enriquecidas se acuerden de Haiti, el país más pobre de América. Pero ahora es tarde, ahora todos los millones del mundo no servirán para revertir esta desgracia.

Si años antes, el mundo se hubiera preocupado un poco más por el desarrollo de Haití, la reconstrucción material, humana y socio-política ahora sería más fácil. Por eso, lamento profundamente la ayuda que no llega, porque en realidad, nunca esta ayuda llegó a tiempo.

Ene 13

¿Qué es lo eso que nos mueve a ser solidarios? ¿Por qué se para a reflexionar la sociedad ante un determinado hecho? ¿Qué nos hace pararnos a escuchar un determinado sonido, a mirar una determinada imagen, a observar un movimiento concreto…? Es la sensibilidad ante las cosas, la facultad de percibir los estímulos a través de los sentidos: vemos la injusticia por los ojos, oímos la diferencia por los odios,…

Como parte integrante de una organización la hago servir diariamente. Muchos grupos y organizaciones sociales llevan a cabo acciones para que nos paremos a re-pensarnos en este mundo patas arriba. Acciones de sensibilidad; a través de campañas, exposiciones, jornadas o debates públicos tratan de ayudar a conocer y tomar conciencia de la situación de los pueblos del Sur y de la dimensión de corresponsabilidad del Norte en estos problemas.

Estas acciones también son muy importantes para promover el conocimiento de otras realidades y otras experiencias humanas. La mayor parte trata de acercarnos a otros pueblos y ayudarnos a comprender su situación como consecuencia del lugar que ocupan en esta realidad: un sistema injusto de relaciones, en las que todos y todas estamos implicados/as.

Entender las causas de los problemas, y no sólo sus efectos más visibles, es parte de esta tarea de sensibilización. Cada vez es más importante acercar la experiencia de vida concreta de las gentes del Sur, ya que ésta puede ayudarnos no sólo a entender los problemas, sino a analizar las implicaciones y la relación de éstos con las situaciones que se viven en el Norte.

De esta manera, las acciones de sensibilización tratan de alimentar una conciencia crítica y animar a las personas a tomar parte activa para cambiar esas circunstancias y algunos caminos para educar una sensibilidad solidaria son, bajo mi modo de ver, informarse, y aprender de los demás.

Sentir es cosa de todos/as. Actuar también.

Dic 24

Después de leer lo que había escrito mi compañera, me puse a reflexionar, cosa que suelo hacer de vez en cuando, pero ahora sobre el contenido de la Navidad en la actualidad. Las Navidades, que más bien podríamos llamar “Navidades del despilfarro”, nos invaden, se meten en nuestras casas. Rumié sobre el consumo navideño y lo difícil que resulta, en muchas ocasiones, evitar los anuncios publicitarios que nos meten por los ojos en todos lados: carteles publicitarios, radio, Internet, y por descontado, la televisión.

Empecé a divagar entre pensamientos desordenados…, cuando de repente, ese objeto querido de todos los hogares, la Televisión, me pretendía vender 19 productos, entre otros, juguetes, bebidas, comidas… Pero lo que más abundó, con diferencia, fueron los perfumes: 7 de ellos dirigidos a mujeres, 2 unisex, y los 3 restantes, para hombres. Más de la mitad de la publicidad en total! Lo peor es que tomé nota de ellos por tener ideas para regalar.

Ahora bien, no escuché TODOS los anuncios, descarté todos los que iban enderezados a los niños y niñas, los cuales no me atraían nada, supongo que por mi edad, que aunque joven, no estoy para ir peinando a la muñequita rubia de 90-60-90.

Me centré en los perfumes. Apostaba que adivinaría, con tan solo ver el principio de las imágenes y escuchar la banda sonora que le acompañaba, a quien iba dirigido cada anuncio. ¿Qué por qué? Porqué por lo general, aquellos que querían llamar la atención de las mujeres, estaban compuestos de un gran contenido en sensualidad, mujeres sugerentes casi diosas, atractivas y en ocasiones atrevidas. Mostraban una mujer rebelde, desenfada. ¿En estas mujeres nos convertiremos si compramos ese perfume? Me llegue a preguntar.

Para los hombres, los anuncios mostraban un hombre independiente, valiente, fuerte, arriesgado. Lo mejor es que, con un poco de “colonia” que se ponga por su cuerpo, consigue todo cuanto quiere: un chasquido de dedos, y un coche. Un chasquido de dedos, y una hermosísima mujer a su lado. Así hasta el infinito y más allá. Cuando me quise dar cuenta, mi primo de 4 años estaba intentando chascar los dedos, supongo que con la esperanza de que le apareciera el barco de Piratas del “Playmovil”.

Entonces me acorde de que tenía que comprar los regalos a mi familia. Después de ver 15 minutos de publicidad, lo único que se me ocurría comprar era… perfumes. ¿Estaba sugestionada por la televisión? ¡No! En estado shok sentí que estaba controlada por algo ajeno a mi (la caja tonta). Me estaba controlando la TV, estaba bajo sus órdenes. Tenía que salir de ahí. Que a mi no me podía controlar ese objeto. Rotundamente no. Tenía que poder pensar en otra cosa, tenía que existir otra opción. De repente salió de la tv una musiquilla pegadiza, que todavía bamba por mi cabeza… “tengo un pla B, en eroski tengo un plan B…”.

Así, que puedo decir que no me ha convencido, no voy a comprar ningún perfume. Le gane. Me voy al Eroski a buscar otra cosa.

Dic 15

Hoy cumplo 31 años. Me pongo un poco nerviosa cuando cumplo años. Es un día raro, todo el mundo te llama y te felicita, sin saber muy bien por qué. Para más nerviosismo, la Navidad está cerca y casi todos los comercios, bares, locales etc. pinchan villancicos populares, adornan sus estanterías con lucecitas rojas, verdes y amarillas; y el ambiente, recargado con décimos de lotería que cuelgan por las paredes, se llena de un halo extraño y vibrante al que todos llaman SOLIDARIDAD.

Si muchas personas tienen ciertas dudas sobre el significado de la Navidad, mucho más si a ello le unimos la palabra Solidaridad. En los tiempos actuales, la Navidad se ha convertido en la mayor contradicción cultural de nuestra sociedad. Es la época del año en la que más se consume de manera absurda y compulsiva, a la vez que se potencia un sentimiento de hermanamiento con los desfavorecidos, que adopta formas de lo más variopintas: Maratones televisivos, donaciones puntuales a organizaciones, sorteos solidarios… y un largo etcétera que puede tener un mayor o menor éxito.

Mi pregunta es, ¿qué significa ser solidario en Navidad? Sin pretender hacer demagogia, tal vez ser solidario en esta época no es colgarnos medallas con grandes donaciones a las entidades que luchan contra la pobreza. Tal vez la respuesta a una verdadera solidaridad es hacer un consumo más responsable y coherente con nuestros valores. Un consumo no solamente limitado por la crisis económica, sino cuestionado, crítico, mensurable, que responda a una finalidad lógica. Un consumo consciente, con el que podemos perjudicar menos y contribuir más a construir un sistema más equitativo con los más débiles.

Me siento satisfecha si la Navidad por sí sola, favorece la reflexión acerca de nuestra forma de vida, basada en el consumo. Si la Navidad por sí sola, reúne a la familia y se aleja de los análisis simplistas, que sitúan a esta fecha en un marco de despilfarro, sin ir más allá. Si la Navidad, en definitiva, constituye lo que siempre ha sido en origen: Un espacio para ser solidarios dentro de una vida coherente; y si no es así, buscar la coherencia perdida; y si nunca la tuvimos, construirla. Desde la raíz, para dar buenos y mejores frutos. Bienvenida sea, por tanto, la Navidad un año más. Por cierto, Feliz Navidad.

Nov 17

Podemos hablar sobre la educación al desarrollo, sobre la sensibilización…, pero muchas veces nos encontramos con que no sabemos con exactitud que es lo que realmente quiere decir La Educación para el Desarrollo. La verdad que es un campo muy amplio.

Cuando alguien nos pregunta: ¿Qué significa la Educación al desarrollo? Muchas veces nos quedamos en blanco divagando sobre su significado: “pues educación al desarrollo es una educación sobre los cambios…”( y seguiríamos divagando)

En los últimos años han surgido diferentes movimientos que se unen para tratar este tema y hacer un “algo” común sobre la ED.

La educación al desarrollo, ha estado históricamente asociada al trabajo en los países en vías de desarrollo, a los países del Sur. Pero hace ya unos años, concretamente en los años 60, algunos proyectos de desarrollo cualificados empezaron a incluir un componente de sensibilización de los/as beneficiarios/as, denominado, a menudo como Educación al desarrollo.

Desde el punto de vista de algunos países del Norte, este término fue adoptado para indicar cualquier tipo de actividad de promoción o publicidad para campañas de recaudación de fondos. Algo que debía cambiar de algún modo, esto, bajo mi punto de vista no es educación, apelar a un simple donativo, no es educación, habría que profundizar.

Desde el principio, esta interpretación, excesivamente restringida, se enfrentó con el significado más profundo que proponían participantes del Sur como Paulo Freire, y que era compartido por algunas organizaciones del Norte y unas pocas organizaciones del Sur. Los del Norte preferían otra clase de términos, tales como “sensibilización y “concienciación”. Así que la ED se concibió como el inicio de un proceso de información y sensibilización para alcanzar finalmente una mayor concienciación. Algo más que un simple donativo, información sobre aquello que envolviese al concepto desarrollo.

La ED es un enfoque que considera a la educación como un proceso interactivo para la formación integral de las personas. Es una educación dinámica, abierta a la participación activa y creativa, orientada hacia el compromiso, la responsabilidad, la acción, que busca la toma de conciencia sobre las desigualdades planetarias existentes en el reparto de la riqueza y del poder, sobre las causas y consecuencias de la pobreza, y sobre nuestro papel en el esfuerzo por construir unas estructuras más justas.

Aún le queda camino a la educación al desarrollo y la sensibilización. Para ello, ponemos nuestro grano de arena en el seguimiento de esa concienciación, en la que aún faltan muchas piedras para hacer una pared fuerte.

Oct 13

Somos conscientes de que la globalización se ha convertido en uno de los principales problemas de nuestro tiempo. El amplio descontento e insatisfacción con este fenómeno que nos invade por todos los lugares va mucho más allá de los movimientos de protesta que en los últimos años atraen la atención del mundo.
Sabemos que la globalización es una fuerza poderosa que ha producido enormes beneficios, beneficios dirigidos para algunos cuantos, sin embargo, su mal manejo ha hecho que millones de personas (los muchos cuantos) se hayan visto perjudicados. La globalización es uno de los elementos que junto a la deuda externa y la importancia del Sur como reserva ecológica están condicionando el diálogo entre SUR-NORTE.
La integración económica mundial dice estár creando oportunidades en todas partes del mundo, pero existen grandes diferencias en este tipo de oportunidades de un país a otro en lo que se refiere a expansión del comercio, la atracción de las inversiones e incluso las nuevas tecnologías. Mucho de los países pobres se encuentran marginados de esas oportunidades mundiales.
El mundo desarrollado debería poner de su parte para reformar las instituciones internacionales que gobiernan la globalización. No es fácil cambiar este modo de hacer las cosas. Las burocracias, igual que algunas personas, incurren en malas costumbres y la adaptación para el cambio puede ser dolorosa porque hay que dejar beneficios de lado, pero las instituciones internacionales deberían responsabilizarse de esos cambios que permitan desempeñar el papel que realmente deberían cumplir para lograr que la globalización funcionase no sólo para los ricos si no para todos aquellos que sin quererlo se han visto globalizados sin remedio alguno.

« Previous Entries