Oct 13

Somos conscientes de que la globalización se ha convertido en uno de los principales problemas de nuestro tiempo. El amplio descontento e insatisfacción con este fenómeno que nos invade por todos los lugares va mucho más allá de los movimientos de protesta que en los últimos años atraen la atención del mundo.
Sabemos que la globalización es una fuerza poderosa que ha producido enormes beneficios, beneficios dirigidos para algunos cuantos, sin embargo, su mal manejo ha hecho que millones de personas (los muchos cuantos) se hayan visto perjudicados. La globalización es uno de los elementos que junto a la deuda externa y la importancia del Sur como reserva ecológica están condicionando el diálogo entre SUR-NORTE.
La integración económica mundial dice estár creando oportunidades en todas partes del mundo, pero existen grandes diferencias en este tipo de oportunidades de un país a otro en lo que se refiere a expansión del comercio, la atracción de las inversiones e incluso las nuevas tecnologías. Mucho de los países pobres se encuentran marginados de esas oportunidades mundiales.
El mundo desarrollado debería poner de su parte para reformar las instituciones internacionales que gobiernan la globalización. No es fácil cambiar este modo de hacer las cosas. Las burocracias, igual que algunas personas, incurren en malas costumbres y la adaptación para el cambio puede ser dolorosa porque hay que dejar beneficios de lado, pero las instituciones internacionales deberían responsabilizarse de esos cambios que permitan desempeñar el papel que realmente deberían cumplir para lograr que la globalización funcionase no sólo para los ricos si no para todos aquellos que sin quererlo se han visto globalizados sin remedio alguno.

Oct 5

Irreverente, reflexivo, alternativo, profundo y coherente. Estos son algunos de los adjetivos que mejor definen el encuentro de entidades sociales en el marco de las XIII Jornadas de Cooperacion de Castilla La Mancha, celebradas este fin de semana en Ciudad Real.

Irreverente por decir las cosas como son. Por llamar “obeso” al sistema capitalista imperante. Estamos ante una crisis económica generada por la perversión del dinero. La crisis no es más que un reflejo de la sobreacumulacion de dinero, tanto se ha acumulado que ya no se puede reinvertir en nada. Y la burbuja estalla.

Pero la crisis tiene más caras. Y las ponencias trataron de desvelar las caras más amargas de la misma: La crisis alimentaria y la crisis medioambiental. El alza de precios de los alimentos debido al alza de la demanda por parte de países emergentes como China e India, ha perjudicado gravemente a las sociedades africanas y americanas. Asimismo, el cultivo de cereales dedicado a obtener biocombustibles ha olvidado la necesidad de comer que tienen los países más empobrecidos. Y el cambio climático amenaza las costas y cultivos de las zonas más pobres del planeta, generando una crisis medioambiental que nos exige una mayor responsabilidad en los hábitos de consumo de la sociedad occidental.

Tratar de resumir todo el contenido de las ponencias resultaría pretencioso. Tan solo dejo en el aire una llamada a un cambio en el orden internacional, a dar voz a todas las voces, el llamado G-20 que se llame G-192. Y también una reflexión hacia el propio mundo de la cooperación. Debemos cooperar sin perspectiva hegemónica, respetando la idiosincrasia de las sociedades. Creemos que “ellos deciden” sus necesidades, pero la mentalidad occidental siempre está presente en la manera de enfocar diagnósticos y realidades.

Aún queda mucho trabajo por hacer. En mi opinion y tras mucho debate entre ponencia y ponencia, mi sugerencia es que dejemos que todos los actores hablen, aboguemos por una cooperacion no manipulada ideológicamente, al lado de los pobres. Combatir las maldades del capitalismo es otra historia. Cambiemos nuestra forma de consumir y quizás así algo cambie. Son muchos condicionantes, pero “se hace camino al andar”. Caminemos, pues.

Oct 1

Ya son nueve años los que han pasado desde la Cumbre del Milenio celebrada en Nueva York. Esta cumbre fue convocada por las naciones unidas y en ella se aprobó una Declaración que incluía, entre otras cosas, el compromiso de trabajar en la consecución de unos objetivos y metas para reducir la pobreza en el mundo a la mitad en el año 2015. Son los llamados y conocidos Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Se trata de unos objetivos de mínimos, como punto de partida para erradicar la pobreza extrema, promover la dignidad humana y la igualdad, y alcanzar la paz, la democracia y la sostenibilidad ambiental.

Lo más curioso es que se puso una fecha límite, la fecha de cumplimiento para estos objetivos era el año 2015. Tan sólo faltan seis años.

Cuando hemos pasado ya el ecuador del plazo prescrito, nueve años desde la firma, y a pesar de algunos pequeños avances, los Objetivos del Milenio están lejos de cumplirse. Hoy en día, sabemos que cerca de 1.000 millones de personas viven con menos de un dólar al día y la distribución de la riqueza en el mundo continúa siendo desigual, con grandes desequilibrios económicos.

Las angustiosas cifras que acompañan el incumplimiento de los ODM afectan especialmente a los niños y a las niñas. Ahora bien, por poco que intentemos hacer por el cumplimiento de uno de los objetivos, ayudaremos a que el resto también mejoren. Por qué todos los ODM están interelacionados: erradicar el hambre, alcanzar la educación universal primaria, incrementar el acceso al agua potable y sistemas mejorados de saneamiento, y promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres son fundamentales para reducir la mortalidad infantil. A medida que aumenta el acceso y control de los recursos, la disponibilidad de servicios de salud de calidad de las tasas de matriculación y permanencia en la escuela de las mujeres y niñas, descienden las cifras de la mortalidad infantil.

Por tanto, el propio éxito o fracaso de cualquiera de los Objetivos repercutirán en el resto. Ante esta situación, debemos aliarnos por hacer de esto una realidad, tenemos que seguir luchando por un mundo de oportunidades para todos y todas, porque sabemos que erradicar la pobreza es posible, aunque no lleguemos a la fecha.