¿Quiénes somos el Tercer Sector? ¿Cómo nos definimos? ¿Somos un ente compacto o disperso? ¿Tenemos una identidad de agrupación, o somos más bien una aglutinación de organizaciones, en la que cada uno va a su aire y responde solamente a sus intereses? Todas estas preguntas me hice después de encontrarme con críticas destructivas tras la proyección en un café de Toledo, del documental Ninguna Champa en Morazán. Críticas lanzadas, efectivamente, por miembros del Tercer Sector.
La Cooperación al Desarrollo es un trabajo de muchos que se puede hacer desde muchas perspectivas, en muchos ámbitos de actuación y con priorizaciones distintas. Por eso, no comprendo el sentido de las “críticas destructivas”. Destructivas porque menosprecian el fondo por la forma, rechazan el significado profundo de las acciones de desarrollo por no estar de acuerdo con el significante, con la estética, con el marco del lenguaje. Destructivas porque no aportan alternativas sensatas, solamente destruyen, solamente politizan, solamente ponen caras largas. Destructivas, en definitiva, porque es tan brillante la estrella que les guía, que se ciegan frente al resto de millones de estrellas que pueblan el firmamento, cada una de intensidades y formas diferentes, pero todas con el mismo átomo de luz en sus venas.
Por todo eso, lo más sensato ahora, no es intentar responder a las preguntas con que iniciaba mi entrada, sino pedir a voces que nos hagan críticas, MUCHAS CRITICAS!!! Porque eso nos hará crecer y ser más fuertes. Pero por favor, críticas que construyan, críticas hechas desde el ánimo del optimista, de quien todavía cree en la buena fe de las personas, de quien todavía tiene un corazón hecho de mariposas, de quien todavía tiene una estrella y utiliza su luz para alumbrar, no para cegar.
De momento, ahí va mi estrella…


